MIGUEL ISOLA, UN HISTÓRICO DE LA LIGA ARGENTINA

El salteño es uno de los jugadores emblemáticos de la historia de la Liga Argentina, partícipe en varios rubros estadísticos y siendo también uno de esos referentes legendarios de la competición. Con 12 temporadas dentro de la categoría y una serie de récords encima, habló del camino recorrido y las enseñanzas.

Por Lucas Leiva

Miguel Esteban Isola es sin dudas uno de esos jugadores que ha podido anotarse dentro de la historia grande de la Liga Argentina. El salteño dejó una huella más que admirable y respetada a través de los años, siendo uno de esos nombres muy identificados a la categoría, que más allá de haber pasado por los distintos niveles y escalones de nuestro básquet ha encontrado en el segundo nivel un nicho donde siempre se sintió cómodo y pudo convertirse en un referente dentro de la competición.

Se lo ganó en base al sacrificio, al esfuerzo, a un sinfín de experiencias que lo han respaldado siempre. Si bien en este último tiempo no ha estado dentro de la categoría ya que pasó a jugar Provincial con el club 9 de Julio de Morteros, su huella sigue intacta dentro de la Liga Argentina por ser un jugador que siempre ha sabido ser protagonista en los distintos procesos que vivió.

El primer gran paso podría decirse que fue Unión de Sunchales, club y ciudad que lo adoptó y se convirtió en su hogar, por elección y por la trayectoria que supo edificar en sus años allí. Con el Bicho incluso llegó a disputar 7 temporadas consecutivas, desde la 2004/05 hasta 2010/11 inclusive. La primera fue en Liga B, luego otras cuatro seguidas en nuestra categoría donde en la 08/09 consiguió el ascenso a la Liga Nacional, jugó esa siguiente temporada con el equipo en la elite, para al año siguiente pasar a estar de nuevo en la Liga Argentina y disputar una última temporada más en la institución antes de armar sus valijas con nuevos destinos por recorrer.

Su próximo destino sería San Isidro de San Francisco, club donde estuvo en dos oportunidades (11/12 y un regreso para la 15/16). También jugó una temporada en San Martín de Corrientes donde estuvo muy cerca de conseguir su segundo ascenso en la 2012/13; luego pasó otro año por Sarmiento de Resistencia (13/14); para encontrarse con otro club muy querido dentro de su rica trayectoria, Unión de Santa Fe, en la 2014/15.

Con el Tate jugó ese año, se fue para San Isidro en el mencionado ciclo 15/16, pero volvió al club santafesino para la 16/17, disputando allí otras dos temporadas más hasta la 17/18 inclusive. Y es que esas tres campañas en total con Unión le valieron para encontrar allí otro hogar por adopción, siendo para Isola uno de los clubes más queridos junto con su homónimo de Sunchales. En el cuadro tatengue encima firmó registros que lo dejaron dentro de la historia grande del club, desde presencias, minutos y puntos, por lo que esa sensación de confort que ya le provocaba la institución desde la calidez que siempre le brindó la gente se potenció con estadísticas incluidas.

Desde su hogar en Sunchales, Miguel se presta a una breve charla repasando algunos puntos que marcaron su carrera y haciendo un pequeño vistazo a toda ese emblemático recorrido que supo construir año tras año en base a su incansable labor. De perfil bajo, sin ver tanto las estadísticas a menos que algún conocido o amigo se las remarque (está dentro de los 20 máximos anotadores de la historia, dentro de los 15 con más partidos jugados y dentro de los 10 con más triples convertidos), habló de todo ese paso a paso, los clubes por los que pasó hasta hoy y las enseñanzas.

Jugó un total de siete temporadas con Unión de Sunchales, pasando por Liga B, Liga Argentina y Liga Nacional.

– ¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando hacés un pantallazo hacia atrás y mirás todo el camino que recorriste hasta ahora?
. Lo primero que me pasa es ver lo largo que fue el camino que recorrí hasta ahora. Lo siguiente que se me viene a la cabeza, al ser un tipo muy de los grupos y de los amigos, son un montón de recuerdos de años, de lugares… enseguida, instantáneamente. Igual no soy de hacer mucho esos repasos solo, sino cuando me cruzo con la gente, en la calle, en alguna comida, con los amigos. Sunchales es una ciudad chica, se divide mucho entre Unión y Libertad, y siempre cuando me encuentro con alguien de Unión o cuando voy al club incluso me hacen recordar todo lo que pasó. Lo mismo me pasa cuando voy a Santa Fe donde tengo muy buena relación con mucha gente, y por ahí vas, te reconocen y te muestran mucho cariño, te hacen ver y recordar mucho. También me pasa que tengo dos nenas que ya están más grandes, que cuando por ahí aparece alguna foto o publicación sobre mí me tiran a modo de chiste que tienen un papá famoso (risas). En esos momentos es donde pienso que algo bueno dentro de mi carrera hice, que no fui una estrella fugaz de un año que al siguiente desapareció.

– Bueno, desarrollar una dilatada carrera de cerca de 12 años en la categoría no es nada sencillo. Quizá vos hasta te acostumbraste en algún punto, pero no es fácil para nadie.
. No tengas dudas. Y acá voy a usar una frase muy conocida pero que es real, porque dicen que es difícil llegar pero mucho más difícil es mantenerse. Viéndolo por ese lado, la realidad es que uno termina y terminó consiguiendo lo que siempre buscó, porque cada año que tenías vos estabas luchando para mantenerte y estar el año que le seguía. La idea siempre era mantenerse cada año, seguir en ese nivel, una categoría hermosa. Cuando yo llego a Sunchales jugamos Liga B una temporada y después siempre estuve en el TNA. Con el tiempo, con el correr de los años y las experiencias que iba teniendo, sentía que esa era mi categoría, era un desafío importante mantenerse ahí. Con el paso de los años uno quizá va mejorando cosas de su juego, se va tornando quizá hasta un poco más referente por el tiempo, los años y la trayectoria, y uno como que se gana cierto respeto el cual es hermoso que te lo hagan saber.

– Si bien no estás tan pendiente de eso siempre alguno te lo va a refrescar… Adentro de los 15 mejores de varios rubros históricos sea de partidos, de minutos, de puntos… ¿Qué te dice eso?
. Quien muchas veces me iba pasando toda esa data es (Leandro) Butarazzi, pero me acuerdo que en el registro de minutos era algo que robaba bastante (risas). Tenía muchos minutos en cancha gracias a Dios, de eso no me puedo quejar. Para serte sincero son cosas que a uno lo enorgullecen mucho, porque ahí quizá se refleja un poco todo lo que uno hizo o pasó, todo lo que uno corrió y vivió. Me pasaba de que muchas veces por estudio tenía que hacer combinaciones con micros a la madrugada para llegar de vuelta a los entrenamientos de la mañana con el equipo que me tocaba estar. Como que todo lo que uno luchó rindió sus frutos, te quedás tranquilo porque todo ese esfuerzo se ve… después está claro que esto no deja de ser un juego, a veces entra y a veces no. Pero todos esos años, todos esos planteles, esos minutos y tiros, son esfuerzos que valieron. Siempre digo que si uno va a hacer algo a medias es mejor no hacerlo. Sin dudas que eso es lo que me deja tranquilo, más allá de que sabemos que los récords están para romperse.

– ¿Hubo algún momento donde te diste cuenta el peso que tenías?
. Siempre digo que hay mucha gente que se tiene mucho valor o aprecio a sí mismo, y deberíamos ser todos así como esa gente (risas). No sé si hubo un momento particular pero sí creo haber notado un cambio cuando hago mi primer cambio y me voy a San Isidro, que venía de ascender. Recuerdo que como refuerzos fuimos Juan López, Juanjo Giaveno y yo, y me habían hecho ver una nota que decía que eramos los referentes o algo así del nuevo Sani. Ahí fue como que pestañeé y dije «Bueno, tan mal no vengo haciendo las cosas», como que me dio una pauta de que lo que venía haciendo estaba bien y que no tenía por qué salir o descarrilarme de ese libreto. Si bien en Sunchales ya venía teniendo mucho protagonismo, siempre como que nos faltaba alguien más para poder lograr el ascenso, después lo conseguimos, disfruté ese año en la A y todo, y cuando volví que después me fui a San Isidro me quedó grabada esa palabra porque me llamó la atención. No es que desde ahí me la haya empezado a creer (risas), pero sí es un llamado de atención que te dice que las cosas que venís haciendo están bien, y si hacés una macana podés tirar todo eso por la borda porque de verdad hay mucha gente que te observa, te admira o trata de seguir. Ahí tomé un poco más de dimensión de todo.

En el 2009 ascendió con Unión a la Liga Nacional.

– Ahí está un poco lo que uno siembra también desde sus actitudes, porque va más allá de ser más o menos bueno dentro de una cancha.
. Sí, obviamente. Para mí está ahí, la alegría, los beneficios y la felicidad están ahí, en lo que uno deja como persona más que como jugador. Me pasa que en algunos lugares si estoy de paso no puedo irme sin comer un asado con algún conocido o amigo, es casi obligatorio (risas)… pero eso dice un poco lo que uno fue generando más allá de ser bueno o no como jugador, porque la persona es lo que termina valiendo y lo que queda de toda tu carrera. Más para mí quizá, que tengo la fortuna de tener por todos lados muchos amigos y conocidos, es una verdadera satisfacción. Tener tantos conocidos por tantos lugares sin dudas es una alegría, no es que me fui 8-10 meses en un lugar y que solamente hablé con el vecino que jugaba conmigo y ese vecino vive a mil kilómetros de donde estoy ahora. Siempre en algunos lugares uno deja afectos y relaciones, y me pasa tal vez cuando recibo un saludo por cumpleaños o se acuerdan del cumple de las nenas, y eso es una satisfacción muy grande. Pienso un poco como decía Mario (Sepúlveda), porque en muchos lugares adonde voy me siento a comer tranquilo, y si ando cerca de alguna ciudad con conocidos prácticamente me obligan a frenar el auto (risas), aunque sea para tomar unos mates.

– Ligado a esto, vos tuviste la particularidad de que siempre estuviste en un lugar por más de una temporada sacando casos como Corrientes o Resistencia. Pero por ejemplo, a San Isidro te tocó volver y lo mismo te pasó con Unión.
. En Sani la primera vez fue raro por el sentido de cómo me fui. Estaba a punto de renovar por dos años después de haber jugado un año, creo que iba a ser el primer jugador en renovar por dos porque Sani siempre hacía contrato por uno, pero apareció Pablo D’Angelo y la banda de San Martín. Por eso me termino yendo. Pero después cuando me llamaron no lo dudé, porque la realidad es que son clubes donde uno está bien, la pasa bien, todo el mundo sabe lo organizado que está y cómo lleva las cosas. Con Santa Fe me pasó lo mismo, aunque bueno, en Santa Fe tengo e hice muchos más amigos, como que me terminé sintiendo más identificado con Unión por la relación que se creó ahí con la gente del club, con la gente del fútbol, del comedor, estábamos todo bien dentro del club y la verdad es que el tiempo que estuve me sentí uno más. Me gustaba que hagan sentir así, ni más ni menos que nadie, y por eso mismo en Unión terminé pasándola de diez. Es más, cuando yo termino de jugar el último año en Unión y arreglo para irme a 9 de Morteros por el Provincial, me voy porque en Unión había un rumor muy fuerte que no sabían si iban a competir o no. Mi intención era jugar en Unión o cerca de acá, porque ya las nenas me empezaban a demandar más, que no podía ir a los actos de la escuela, que no podía llegar a estar en los cumpleaños de ellas… entonces me parecía que era cuestión de bajar un poco y hacerle más caso a ellas. Así que decido irme a Morteros, donde terminamos ascendiendo, y al mes me llama Juanfra (Ponce) que está hoy de técnico en Unión y me preguntaba si no había forma de volver. Creo que si no me hubiese ido, hasta ahora seguiría jugando en Unión. Pero bueno, se dio así por algo y creo que así debía ser. Pero en esos dos lugares que me hablás, la realidad es que son dos clubes ejemplares, a los que tenés que volver siempre que te llamen. Son lugares en los que uno disfruta, los resultados después se pueden dar o no pero son instituciones con muy buena gente.

– Bueno, en el Tate te pasó también esto de entrar a los récords históricos dentro del club.
. Sí, gracias a Dios se sumaron varios récords ahí. La verdad es que tengo varios colegas tuyos amigos también que por ahí me llaman y me dicen esto de los récords, porque yo por ahí no tengo un control de ese tipo de cosas (risas). Pero sí, eso me parece que incrementó muchísimo el afecto de la gente hacia mí, y uno también lo disfruta de otra forma porque son clubes que están acostumbrados a otra cosa. Por ejemplo, tengo una camiseta de Unión con el número 100 cuando cumplí cien partidos, era el jugador con más partidos jugados en el club dentro de la categoría, este año me pasó Mati Borsatti que me enorgullece mucho que haya sido él porque es un fenómeno. Como te decía, son clubes que están atentos a esas cosas y te remarcan esas cosas lindas que vas logrando, o que incluso también tienen periodistas que están alrededor del club que están en ese día a día. Y son cosas que te diría que hasta hacen más lindo el paso de uno por esos lugares, porque son recuerdos, fotos y momentos que te quedan, más para alguien como yo que tengo guardadas todas esas cosas, porque por ejemplo vos apenas entrás a mi casa te encontrás con la remera de los 100 de Unión al costadito. Son cosas que te quedan, como así también tengo una camiseta de Unión de Sunchales o cuando ando por acá por Sunchales mismo casi siempre estoy vestido de verde porque tengo tanta ropa de tantos años en el club que por ahí vas a entrenar, a hacer algún partido de fútbol o correr un poco, que siempre estoy con esa ropa. Son los colores que a uno lo van marcando y se identifica.

Reconocimiento en Unión de Santa Fe por sus 100 partidos.

– Claramente estás muy identificado a Unión, sea de Sunchales o de Santa Fe.
. (Risas) Sí, es así. Y acá en Sunchales fueron siete temporadas, pasando por todos los niveles porque cuando llegué el primer año fue en Liga B, después pasamos al TNA, estuvo ese ascenso que tanto veníamos buscando, la temporada en la Liga, y después ya el último año me quedé también acá en Sunchales porque nacía mi nena en noviembre. Pero sí, si vos me preguntás con qué me identifico es así, Unión y Unión (risas). Obviamente que uno en todos los lugares por donde pasó trató de dejar algo, pero esos fueron colores o clubes que me marcaron.

– A vos te pasó sin ser oriundo de ninguno de los dos lugares. Convengamos que en muchos casos se ha dado y hay miles de ejemplos de profetas fuera de su tierra, pero no deja de ser algo para destacar.
. Sí, y eso para mí es un plus extra. Porque la verdad es que no es sencillo. Una anécdota respecto a eso es que cuando llego a Sunchales a quien sacan del equipo para que entre yo era (René) El Gallego Vicens que era un histórico del club. Me acuerdo cuando llegué… yo soy un tipo que le gusta llegar y ya irse a tirar, conocer el hotel, si hay que juntarse a comer como, pero sabiendo que después hay que jugar y hacer lo que se necesite para ganar, y lo hago. Recuerdo que tuve que remar por así decirlo el doble para ganarme la confianza de todos en el club (risas), porque bueno, venía a reemplazar al Gallego. Si bien lo tenía al Turco (Osvaldo Arduh) que me aconsejaba mucho, en mi caso era como que tenía que remarla un poquito más todavía. Pero bueno, con el pasar de los años y los logros que fuimos consiguiendo, todo ayudó para se convierta en mi lugar por elección, soy del club por adopción como decís y eso me hace sentir muy bien. Aunque no lo creas esas cosas pueden pasar en todos lados, que con uno siendo de la ciudad se le da más chances pero cuando venís de afuera no te dejan pasar muchas. Por suerte acá en Sunchales me fue de diez, no me puedo quejar. Incluso diciéndote que en esa primera época mía no podía utilizar los récords que pude haber acumulado después en mi carrera o cierta trayectoria porque recién estaba empezando en la categoría (risas), pero la verdad es que fueron años muy lindos acá en Unión. Hasta el día de hoy, salgo de la pileta del club o paso por ahí con la familia, y vos te das cuenta de cómo la gente te recibe y saluda. Si bien hace un montón que me fui y que no juego acá, uno igual puede sentir ese cariño y reconocimiento que le tienen.

– Y es que también tu paso fue en un periodo donde Unión era un muy fuerte animador de la categoría, siempre protagonistas y de hecho venían de perder un mano a mano por el ascenso uno o dos años antes de finalmente lograrlo.
. Un año antes, es verdad, que nos deja afuera Olímpico en semifinales y ascendien ellos (NdR: en la temporada 2007/08). Y el año anterior a ese, no teníamos el equipo del ascenso pero sí perdimos un cruce importante contra Independiente de Neuquén, que no nos había ganado nunca y nosotros teníamos ventaja de la localía en esa serie, pero perdimos en Sunchales el segundo y después en Neuquén nos terminaron de ganar la serie. La verdad es que se nos fue negando en esos años, nos íbamos arrimando de a poquito hasta que lo terminamos de conseguir ese año (NdR: temporada 2008/09). Recuerdo que habíamos terminado primeros en la fase regular, y al entrar directamente en cuartos fuimos pasando primero por Belgrano de San Nicolás, después Ciclista y terminamos perdiendo la final del torneo contra La Unión de Formosa. Ese año ya no ascendían los que ganaban semifinales, sino que se jugaba un repechaje entre el perdedor de la final y el ganador de los que venían de perder en semifinales. Nos tocó entonces San Martín de Corrientes que le había ganado a Ciclista antes, y fue durísimo porque ellos habían salido segundos en la fase regular y estaban muy fuertes. Esa serie fue tremenda, la ganamos en cinco juegos y terminamos ascendiendo acá en Sunchales.

– ¿Hasta ese momento venía siendo una espina para vos eso de estar cerca pero no concretar con Unión después de tantos años en el club?
. Sí, me pasaba eso. Ya tenía 4-5 años en el club, uno empieza a sentirse representado por la gente y la verdad es que tengo un montón de amigos que son del club con los cuales entre semana nos juntábamos a comer, y ahí es donde empezás a pensar que ellos son los que van todos los partidos a la cancha y pagan la entrada para verte correr. Está claro que uno como deportista siempre quiere ganar, eso no se discute, pero cosas como esas que te contaba te hacen sentir otra responsabilidad, de querer ayudar a que ellos también tengan esa alegría que tanto se busca. Y quizá quizá iban a los partidos con la plata justa, o hasta sin poder conseguir una entrada… porque eso es lo que sienten los hinchas, ese es el sentimiento de tienen porque su club termine logrando cosas. Me pasó a mí que me terminé relacionando mucho con esa gente, que también me quedaba un sabor más amargo aún cuando no se nos daba. El último año que perdemos contra Olímpico, a los dos o tres días de esa serie me llama Gustavo Monella y me habló de la posibilidad de irme a jugar a Paraguay por dos meses, entonces como que eso impidió que haga el duelo de esa serie, porque ya tenía que pensar en viajar y jugar. Volví después de esos dos meses, me quedé una semana en Salta visitando a mis viejos, y ya repente me volví para Sunchales porque arrancábamos la pretemporada de nuevo. Eso hizo que no tenga ese periodo donde uno está con la cara larga, esperando que alguien te palmee, sino que ese proceso de duelo lo hice solo y pienso que fue para mejor. Por suerte a ese año siguiente se nos pudo dar.

– Veníamos hablando de esas cosas lindas y un poco después se te iba a dar lo contrario, con ese año fallido en San Martín que tenían un equipazo con D’Angelo.
. Ese año fue redondo todo el año y a lo último no se nos dio. Recuerdo que no habíamos perdido ningún partido de local en todo el año, pero fuimos a perder ese quinto partido de la final contra Estudiantes. Son situaciones que te obligan a recuperarte, no te podés quedar tirado. Después nos tocó el repechaje, con nuestra cancha suspendida, y fuimos a jugar a la La Bombonerita contra Quilmes. Después lo que fue Quilmes en Mar del Plata, la cancha se nos caía encima de lo llena que estaba, un clima hermosísimo para una definición como la que se jugó, pero bueno, la suerte fue para ellos. Si ese año se nos daba era más que redondo.

Con San Martín de Corrientes en el 2013 acarició un segundo ascenso a la elite

– Fue el año del récord.
. Exacto, fue el de las 17 victorias que incluso perdemos ese récord contra Concordia en cancha de ellos. Después de ese partido casi lo hacemos de nuevo, porque ganamos los que quedaban de la fase regular y ya entramos en playoffs, y ahí fuimos pasando 3 a 0 hasta que perdimos un partido en Trelew contra Huracán (NdR: esa segunda racha llegó a ser de 13 al hilo). Perdimos ese tercero con Huracán y después ganamos el cuarto. Ese año la verdad es que hubiera sido redondo. Siempre digo que es bueno perder porque uno en la derrota aprende muchas cosas, pero esa temporada nos tocó perder demasiado tarde, no nos llegamos a acomodar, nos agarró Quilmes en repechaje y no se nos pudo dar. Hermoso equipo, me acuerdo que estábamos con Santi (González), Bruno (Oprandi) y Pato (Rodríguez), tratamos de acomodar algunas cosas pero no hubo forma.

– Me quedé en algún momento con esto que contabas de cuando te fuiste a Morteros también para priorizar el tiempo y no estar tan lejos de tu familia. ¿Cómo es ese sustento que te banca y bancó tanto? Incluso creo que lo más lejos que te fuiste, con esto de armar grandes mudanzas, habrá sido Corrientes y Resistencia, después dentro de todo te mantuviste en un radar.
. Sí, en eso por suerte Gustavo siempre me hizo caso porque yo le pedía que no me haga ir a equipos que estén tan lejos (risas). Mirá, a mí me pasó al principio de la carrera, cuando estábamos con mi mujer nomás y no teníamos a las nenas, un poco esto que te contaba Mati Tomatis los otros días. De quizá tener una mala noche o un partido perdido y tener algo enojo en todo el fin de semana hasta que volvía el lunes a entrenar, porque jugábamos un viernes y tenía que pasar tanto sábado como domingo pensando cómo se pudo perder un partido por ejemplo. Por ahí erraste un gol o perdiste un partido y eso te hacía estar un día enculado. Después, la verdad es que con los años te das cuenta que no tiene sentido, porque no cambias nada. Cuando ya tuve a las nenas me pasaba que quizá venía algo enojado de la calle, pensando que tal o cual no puso ganas, o que tenía problemas con el sueldo, carburándome con cosas malas… pero cuando llegaba me esperaban las nenas para decirme que las lleve a la plaza, o para ir a tomar un helado, o para ir a dar una vuelta en bici o levantar un barrilete… o llegar a las 4 de la mañana de un partido o un viaje y encontrarme con un dibujito de ellas arriba de la mesa. Ahí es donde me replanteaba por qué tenía que enojarme por esas otras cosas de los partidos. Obviamente que me afectaba, sí, pero eran cosas que no podía manejarlas, que por más mal que pusiera no las podía modificar. Entonces cuando llegaba a casa y sentía toda esa contención de mi familia, que siempre estuvo y está, y que es lo que realmente vale, entendés un poco de qué se trata todo. Es cierto que todo lo otro te afecta, te hace enojar y poner mal en muchos momentos, pero la verdad es que tener el pilar de la familia, incondicional siempre y que en mi caso fue clave porque me ayudaron siempre a desenchufar, te hace ver las cosas que realmente valen la pena.

– Hoy también hablabas de esto de ser un referente. ¿Con los pibes hoy cómo manejás toda esa parte casi de tutor de ellos?
. Soy bastante vergonzoso en ese sentido, siempre lo fui. Incluso al día de hoy me vienen a decir de Morteros que les dé una charla de Zoom a los más chicos y me da vergüenza, pensando que tendrían que buscar alguien que sepa más de esto. Pero me ha pasado que un par de veces ya me han cacheteado con eso, de buena forma, haciéndome entender un poco la carrera que hice y esto que hablábamos hoy con lo de las estadísticas y demás. Gustavo Rossotto más de una vez me lo ha dicho, me ha hecho ver esos 15 años de carrera que uno a veces en el día a día no entra en razón lo importante que pueden llegar a ser. Uno como que no se termina de dar cuenta el camino que ha hecho, pero sin dudas es largo, y con la tranquilidad y el orgullo de hacerlo con buena fe y bien, haciendo lo que uno siempre quiso como el básquet. Gracias a Dios siempre pude elegir el club, qué hacer, y eso me hace sentir que no estaba tan errado por la elección del camino.

El salteño se hizo un lugar dentro de la historia grande de Unión de Santa Fe.

– Desde el ejemplo para vos debe ser mucho más natural.
. Ahí sí termina siendo más palpable, sí. Me pasó el anteaño pasado en Villa María para el Provincial, que yo había pedido permiso para ir al club a tirar al aro a la mañana y me acuerdo que a las 2 de la tarde tenía un examen. Viajé, hice el examen, me volví para el club y me quedé a dormir la siesta arriba del auto hasta las 4. Recuerdo que tipo 6 los chicos llegaron al club y ya estábamos todos… pensá que tenía unas ojeras tremendas porque había viajado a las 5 de la mañana, y ahí en el vestuario uno de los pibes más chicos del club me preguntó por la cara que tenía, porque estaba fusilado. Entonces le expliqué toda la movida, que había venido temprano a tirar al aro porque después me fui rendir un final y que ya me quedaba para el partido. Me responde que estaba loco, que cómo iba a ir a rendir, que me tenía que haber quedado. Le dije entonces que esas son cosas a las que se tenía que acostumbrar, que no siempre iba a tener el club o la facultad a dos cuadras de casa… y la verdad es que esa situación me quedó muy grabada porque fue un ejemplo que ese chico entendió en ese mismo momento. Después otras situaciones, como por ejemplo explicar un ejercicio de fundamentos o algo donde los chicos te miran con miedo, y en momentos así es donde uno tiene que hacerles entender también que quien está delante suyo no es ni Jordan ni LeBron. Creo que los chicos aprenden mucho más desde esas cosas, de hacerles entender que lo nuestro tiene mucho sacrificio detrás, muchísimo, pero que no somos extraterrestres por eso. Con dedicación y esfuerzo, como todos, se puede llegar. Y aplica a todos los planos y aspectos de la vida.

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